Como siempre, mi cabello completamente desordenado, así me levanto, mis ojos llorosos me miran en el espejo, y las mejillas rojas hasta más no poder, como si hubiera pasado una gran vergüenza, mi cara de siempre, nada fuera de lo normal. Por cierto ¡como odio los espejos!, a veces siento que lo que se proyecta allí es otra cosa, no una copia fiel como debería ser al proyectar el reflejo de algo o alguien, tengo la sensación de que es otra cosa menos eso, no sabría explicarlo, no me gustan para nada, no tengo uno en mi habitación y nunca lo tendré por esa razón. Me lavo los dientes y el baño matutino, cálido, relajante, agua hirviendo y el vapor que me rodea me embriaga y me llena, me siento tan liviana, y hace un rato, estaba muy cansada y pesada. Me cambio rápidamente con mis jeans, y aunque prefiero las faldas libres y cómodas, en esta época de heladas prefiero que mis piernas estés bien abrigadas. Un polo manga larga de algodón para no sentirme muy asfixiada y una casaca gruesa, para protegerme del frío. Un poco de perfume, mi preferido, no es que tenga muchos, pero este me encanta, me lo compré yo y lo uso solo cuando me siento intranquila, raro ¿no? Mis cabellos… no molestes madre ¡no me gusta peinarme y ya lo sabes!
Entonces salgo a la calle, con mis zapatillas negras, mis favoritas y las más cómodas del mundo, mi andar tranquilo y poco femenino se pasea por las calles. ¡Está garuando! Y muy insistentemente ahora que me percato, justo cuando me provoca caminar un rato, lluvia inoportuna, se me congelan las manos. La verdad es que aunque ame la lluvia, en Lima es terrible, una ciudad demasiado húmeda. En la tierra en la que nací, Piura, la lluvia lleva otro rostro, es divertida, relajante y verdaderamente refrescante, en Lima es desesperante.
Por alguna extraña razón la lluvia siempre ha conseguido tranquilizarme y hacerme sentir como una pluma, la amo, pero en mi estado y en esta capital tan gris me parece que va a terminar por mandar al precipicio toda calma, y más, cuando hoy es un día en el que me siento mucho más extraña conmigo misma, justo hoy que me parece ser otra persona, como la que en verdad veo en el espejo y en donde la tristeza quiere influir en cada una de mis actitudes con cada vez más fuerza ¿quién soy? Ya no lo se, no se como contestar eso, no se como evadir esa pregunta.
Camino con mis manos refugiadas en los bolsillos de mi casaca marrón, pero no parece dar mucho resultado, igual siento mucho frío, mi nariz está congelada y las mejillas calientes, seguro están más rojas que antes.
Siento que soy observada por muchos, nunca me importe, pero… ¿a caso mi estado es muy notorio? Maldición… ¿no me digas que la máscara ya no está funcionando como antes? Maldición, maldición, últimamente maldigo mucho… maldición ¡Qué frío!
Ingreso a un centro comercial, está más caliente, puedo sacar mis manos de su escondite. Un suspiro… maldigo y suspiro mucho ahora, y comienzo a dar pasos más largos y menos elegantes, me he metido en un lugar, que ahora que lo veo mejor, no me parece que me vaya a traer mucha tranquilidad…
¡Qué casualidad, mira que venirte por aquí!
Lo único que me faltaba, que uno de ustedes se pusieran hablar justo ahora, ya no tengo privacidad…UNO de ELLOS.
Majadera…ingrata… somos los únicos que te aguantan, ni si quiera tú…
¡Basta! No estoy de ánimos, hoy no me siento precisamente… ¿yo?
Los ignoraré, no tengo ganas ni de escucharlos a ellos. Parece que se sintieron ofendidos pues se quedaron callados. Entonces sigo con mi casi forzoso recorrido.
Ya no me está gustando por donde me he metido. ¡Maldición! No debí salir en este estado… no fue lo mejor. Me siento indefensa, más vulnerable de lo normal. Odio mi vulnerabilidad, la detesto con el alma. ¿He cambiado verdad? ¿Mucho? Antes no me analizaba, ahora si, como si la de antes a veces hablara y comenzara a escudriñar en esta que cada vez se apodera más de mis almas, objeto de estudio, que me genera hipótesis y líos.
Sí querida…
Ay no… eres…
Soy ESCUDO, y sí, has cambiado, porque nos escuchas, es mejor… solo queremos protegerte…
Ya no se nada, cada vez me conozco menos… quizá debo protegerme de mi misma… ¿no?
No, protégete del resto, tienes que seguir...
No lo se… ya me cansé de todo… quisiera…
¿Morir?
¡No! Solo… quiero… que por hoy nadie me hable… ni los demonios, ni la que era antes… ni la gente… hoy solo quiero caminar, seguir…
Ya no los escucho, y es mejor así. No trates de entenderme, me siento sola aunque haya millones de personas a mi alrededor, entiende que no podrás comprenderme, solo puedes escucharme y a lo mucho mirarme y sacar tus propias conclusiones, no necesito que me analices ni que me aguantes, hace mucho que no espero ni quiero nada de nadie, ahora solo me preocupa en lo que me estoy convirtiendo y creo… que es algo que no quiero ser… no se qué es lo que soy, todavía me duele el pasado, no he sanado, y cuando parece que sí, la herida vuelve a sangrar… todos llevamos marcas ¿no? Pero el problema es que aunque algunas ya no sangren más la cicatriz está y estará ahí por siempre, me has dañado de por vida. No, no creo en la casualidad, todo tiene un motivo de ser, no hay destino, solo lo que es inevitable, lo que tiene que pasar sin remedio alguno.
Y siento odio, rencor, envidia, dolor, tristeza, desesperación, melancolía, impotencia, y extraño, y amo, amo tanto y me odio y me desconozco cada vez más, y me pregunto ¿qué más está por venir? ¿Seré capaz de sostenerme? No, no necesito que tú lo hagas por mí, no, esta es mi lucha… no te metas, y no me digas qué es lo que tengo que hacer, porque todo lo que me digas ya me lo han dicho, porque el dilema está en como hacerlo, no, no quiero hablar con la boca, quisiera hablar con el corazón…
Pero ahora quiero correr… de todo…
Corre.
Me quiero ir…
Vete.
Quiero llorar...
Llora y corre.
Eso hago, pero ¿hasta donde?
Hasta que todo esto termine.
Ya no creo en eso, mis otras vidas me pesan… tú lo sabes…
Sí, corre… más rápido.
Me voy… lejos…
Vete, todo estará bien…
Lejos… es verde, me encanta el verde… huele a…
No olvides que hay un fin.
Pero yo corro, ya no me importa….
Puedes caer… ¿Quieres... caer?
Solo quiero correr…
Puedes caer…
Y entonces…
Caes. Caigo…
Y sigues cayendo.
Suave… el viento me roza... ya no peso tanto…
Y sigues cayendo.
Que todo se caiga…
Y sigues cayendo.
Pero me duele, estoy dañada de por vida… por siempre...
Cállate.
…
Escúchame.
...
Ya no hay nada.
...
Se acabó.
...
Ahora tengo tu corazón, mi corazón, nosotros, tú... yo.
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