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Versión Completa: El Caso de Lex
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Breves aclaraciones


División de “trozos de vida”


“Trozos” en lugar de “capítulos”


Confesión personal

El Caso de Lex (La comedia)


Alexander, o como simplemente lo conocen todo el mundo *Lex*, es un personaje a quien le tengo mucho cariño. Fue el primer personaje que diseñé, junto con Emma, el amor de su vida. Esta parejita es posiblemente común para muchos: El chico que se enamora de la chica que más lo maltrata. No obstante, Lex es un chico abierto y bromista, una persona que no tiene problemas en ser como es y expresar lo que siente; en pocas palabras, Lex no niega el estar enamorado de Emma, lo acepta, y por lo tanto, trata de conquistarla, a su singular manera. Pero como cualquier chico (inexperto) tiene unos problemillas en buscar un buen momento para declararle su amor… Que puedo decir de su caso: Lex esta enamorado de Emma desde el primer año, y hasta la fecha no se ha atrevido a darle un beso; y eso que desde el segundo año salen…

Hace mucho mi sabio mentor qwerty criticó el extraño argumento de la historia: “¿Por qué tienen que separarse?”. Fue con esta pregunta que comenzó su análisis y sus sugerencias, acerca de que rumbo debía tomar la historia. Mi respuesta fue explicita: “El caso de Lex está basado en recuerdos de los dos protagonistas, como por ejemplo del dia que se conocieron, su primera cita, la primera vez que ella lloró por él… sólo al estar separados pueden evocar esos inolvidables recuerdos. Te darás cuenta que siempre cuando escribo un trozo trato de narrar los hechos del pasado, para que los hechos del presente tengan más sentido”



Primera temporada:


1º trozo: Lex y Emma

2º trozo: Despedida

3º trozo: La carta (1º, 2º y 3º parte)

4º trozo: Hermanito (1º y 2º parte)

5º trozo: Lo que harías por tu primera cita (1º, 2º, 3º y 4º parte)

6º trozo: El regreso de Lex



Dedicatoria:


Esta historia se la dedico a la escritora que más admiro: Momotsuki; la autora dedicada y carismática que, sin darme cuenta, fue como ese pequeño empujoncito que necesitaba para dar los primeros pasos hacia mi rol de escritor aficionado. Leer su fic… digo *novela* es ya más que un simple pasatiempo agradable, se ha convertido como en una manera de aprender a ser más espontáneo y sensible a la hora de escribir. He aprendido mucho de su trabajo sin proponérmelo; y de ahí me gran admiración hacia ella. Sera por eso que se me sentí triste cuando se ausento por 4 meses, y me sentí alegre cuando leyó el primer capitulo de trozos de vida, del cual dijo que nada más le había sacado unas sonrisas, a diferencia de otros a quienes saque carcajadas. Fue entonces que decidí esto: “No descansare hasta sacarle una buena carcajada a Momotsuki”… Con esta resolución he escrito los divertidos trozos del caso de Lex. Ha sido mi mayor motivación.
14 de Enero


Lex y Emma




— ¿Has visto a Lex? —preguntó esperanzada.

— La última vez que lo vi, se dirigía al muelle —respondió Mei— Aun sigue preocupado por aquel asunto.

— Por supuesto —dijo totalmente resignada Emma, mientras caminaba hacia la dirección donde le indicó.

— Que manera de echar a perder un divertido día de playa —expresó Mei, viendo alejarse a su amiga.



Ciertamente Lex había estado observando el crepúsculo. Estuvo pensando en el largo tiempo que no tenía noticias de su madre. Nada sacaba solamente preocupándose de esa forma, debía actuar. En aquella tarde decidió que viajaría; después de todo, se trataba de su la mujer que le dio la vida.

Pero además en aquel momento de nostalgia, su madre no era la única mujer en la que pensaba. Emma abarcaba la otra parte de sus pensamientos. La conocía desde el primer año de secundaria, y cuando acabara el verano, comenzarían el cuarto año. En todo ese tiempo nunca le había dicho lo mucho que le gustaba.

Lex siempre había sido alguien abierto, bromista, simpático y ocasionalmente descarado y pervertido. Son incontables las veces en las que hizo estallar de ira a Emma, a pesar de que ella era una chica sumamente agresiva y bastante fuerte, siempre acababa dándole un buen golpe al pobre muchacho, ya sea con sus propios puños o con cualquier objeto que tuviera al alcance. Era realmente cruel. Aunque sus razones eran bastantes buenas. La mayor parte del tiempo ella lo golpeaba por que él la hacia victima de sus *travesuras inocentes* como él solía llamarlo, y además se la pasaba burlándose de sus tan, pero tan llamativos: *pechos planos*. Verdaderamente eso la enfurecía. Esto fue durante los primeros años en la secundaria. Luego su cuerpo se desarrolló como el de cualquier chica. Sin embargo, hasta el momento sus bustos no alcanzaban el tamaño que ella había deseado tantas veces.

El recordaba con gracia el día que ella llegó a la escuela:

“En verdad no creo que te atrevas”, le retaba Bensh, “Es más, te apuesto 10 a que no lo haces”. Ante el desafío Lex se obstinó aun más a hacerlo: “Claro que si”. Vaan terciaba: “Si como no. Que tal si doblo lo de Bensh, hoy estoy con los bolsillos llenos”. Con más razón Lex se decidió a hacerlo, nunca antes había tenido la oportunidad de ganar tanto, por hacer algo tan sencillo para él: “Esperen aquí y vean como sí lo hago”. Se levanto de su asiento y fue directamente hacia donde estaba Emma conversando con dos compañeras, chicas que ya conocían las mañas de su desvergonzado compañero. Sin decir nada se acercó a las tres, les dedico una gran sonrisa y luego con un rápido movimiento de mano hizo lo que había venido a hacer. Emma en ese instante puso una cara de sorpresa al igual que las otras chicas, mientras que Lex lanzó un comentario en alusión a lo que sus manos tocaban en ese momento: “En verdad es plana como una tabla”, dijo con asombro después de palpar y no encontrar nada. Pasado el segundo de pasmo, Emma reaccionó, ya sea por la mano que tenía en el pecho o por el comentario que había escuchado, su sangre hirvió; tenía el rostro completamente rojo, no por el pudor sino por la rabia. Levantó el puño y le gritó el insulto que de ahí en adelante le diría a aquel muchacho: “¡IDIOTAAAAAA……!”, al tiempo que le arremetía un buen derechazo.

Por algún tiempo los estudiantes hablaron de la manera como Lex le había dado la bienvenida a la nueva estudiante, en su primer día de clases. El que más lo mencionaba era el propio protagonista de la historia, sin olvidar de mencionar lo increíblemente planos que eran los pechos de la chica. Emma lo golpeó muchas veces también por eso.

Fuera de eso, Lex también era un obsesivo con eso que acostumbraba decir a menudo “No dejare que una chica me gane”. No se trataba de ningún indicio de machismo, solamente se trataba de la rivalidad que tenía con Emma en el ajedrez. Desde aquella vez, cuando finalizaban el primer año:

“Te volví a ganar” afirmó totalmente seguro ante el jaque mate. Era la tercera vez que vencía a Bensh. “No soy tan bueno para esto”, fue lo que replicó el perdedor. “Que tal sí ahora yo juego contra Lex”, terció Emma acercándose. “Ok, pero luego no llores cuando te humille como a Bensh” bromeó jovial. “Soy muy buena para los juegos de estrategia”, respondió desafiante. Dicho lo anterior empezaron con la partida. Pronto, muchas de las piezas de Lex cayeron, mientras que las de la chica solamente cuatro. Así fue transcurriendo el juego hasta que Emma expresó satisfecha: “Jaque mate”. “Dame la revancha, ahora ya no te daré chance”, dijo Lex ante la manera tan rápida como fue vencido. “Esta bien”, aceptó la chica. El resultado volvió a ser el mismo, la chica ganó. Entonces Lex volvió pedirle la revancha, el resultado fue el mismo. La cuarta vez se la tomó en serio, pero también perdió. Ya completamente humillado insistió en una nueva partida. Emma se la dio, sin antes lanzar un comentario gracioso: “Ok, pero luego no llores si te humillo de nuevo”. Todos los circunstantes, compañeros suyos que se acercaron a observar a talentosa ajedrecista, rieron igual que ella. Lex no tuvo más alternativa que reírse también, aunque de mala gana, y no era para más.

Es obvio que aquel día Lex no la venció, ni tampoco todas las demás veces que también la desafío. Llegó al punto de obsesionarse con eso. Emma se divertía cada vez que lo vencía.

Con el pasar el tiempo las cosas fueron cambiando. En especial con el inicio del segundo año de segundaria. Lex solía invitarla a salir, aunque la mayor parte del tiempo recibía como respuesta un *no*, a pesar de ello él no se resignaba. Mas, ella había comenzado a aceptar salir con él. De alguna forma u otra siempre la pasaba bien a su lado. Incluso empezaba a sentir algo por aquel *idiota*, como ella acostumbraba llamarlo.


De golpe, una voz conocida le saco de sus reminiscencias.

— Al fin te encuentro —dijo Emma.

— ¿Acaso me estabas buscando? —respondió un poco extrañado.

— No… no es lo que crees, es sólo que estaba un poco preocupada por ti —replicó algo incomoda— Ahora veo que no debí hacerlo.

Lex le había dedicado una gran sonrisa mientras ella hablaba.

— No debí alejarme de esa forma —dijo jovial— No sabia que ibas a extrañarme tanto.

— ¿Extrañarte?, no sabes lo feliz que seria si me hubieran dado la noticia de que te ahogaste en mar, te hubiera tragado un pez gigante, o que algún barco te habría hecho trizas —dijo sarcástica.

— Oye, tampoco tenias que ser tan cruel — pensó él.

Sin decir nada ella se acercó y se sentó junto a su lado. En una hora ya comenzaría a anochecer. El ocaso creaba una perfecta escena romántica.

— Sabes, estaba recordando nuestros primeros años en la secundaria —comenzó a decir.

— ¿En serio?

— Claro, todas las tonterías que hacia durante esos tiempos.

— Y que sigues haciendo hasta ahora —interrumpió.

Volvió a sonreír y respondió:

— Pero ahora ya madure, ya no soy un niño.

— Si claro, y santa claus existe— se dijo ella para sus adentros.

— Tú también ya dejaste de ser una niña —observó el cuerpo esbelto de su compañera, cubierto únicamente por aquel bikini blanco que llevaba puesto— Ahora ya eres toda una mujer.

Ella se sonrojó, era la primera vez que alguien le decía eso. No sabía exactamente como debía responderle. Mientras tanto, Lex sintió que fue algo indebido decirle eso. El próximo comentario fue comúnmente gracioso:

— Por lo menos ahora ya no tienes los pechos planos.

Emma agarró un trozo de madera que estaba en sus espaldas y lo impactó en la cabeza de su compañero mientras le increpaba:

— Por qué siempre tienes que decir algo sobre eso.

— Y tú por qué siempre tienes que golpearme —replicó él, adolorido.

Pasada aquella típica escena entre ellos, Lex volvió a hablarle suavemente.

— Nos conocemos desde hace mucho tiempo, pero nunca hemos… —no pudo terminar la oración.

— Sí, es cierto —irrumpió ella— Y debo confesarte que me divertido mucho saliendo contigo, siempre me sorprende las cosas que haces, pero… —ella tampoco pudo terminar la oración.

Por un momento el silencio reinó. Luego, percibiendo aquel ambiente deprimente, Lex decidió proponerle algo. Se levantó. Emma no hacia más que observarlo. Lex estiró su mano hacia su acompañante.

— Quiero mostrarte algo haya adentro —dijo señalando la bodega desabitada de sus espaldas.

— A… ahí adentro —su nerviosismo era notable.

— No te obligaré a hacer algo que no quieras —contestó con sinceridad— Tú eres la que decide.

— Será que… —pensó para sus adentros imaginando algo que probablemente sucedería— Está bien —respondió al fin un poco sonrojada, extendiendo su no tan delicada mano la cual fue tomada por la otra masculina que la esperaba.

Ambos caminaron aquel corto trecho tomados de la mano hasta llegar a la puerta, la cual Lex se encargo de abrir. El nerviosismo de Emma creció aun mas mientras entraban.

El lugar estaba casi vacío, a excepción de los cacharros de los rincones: latas de pinturas, ladrillos, tablas y unos costales repletos sabe dios de que cosas. Lo único decente de la bodega eran las tres sillas, la mesa y misteriosamente la cajilla de un juego de estrategia. Emma no reparó en esto.

— Así nadie nos molestara —afirmó Lex, al tiempo que cerraba con seguro aquella puerta metálica.

Luego se volvió y empezó a acercarse a su acompañante.

El nerviosismo de Emma creció más todavía con aquellas palabras. ¿Realmente sucedería lo que ella se había imaginado? Inclusive su no tan agraciado cuerpo empezó a templar. No podía evitarlo.

— Vamos, relájate —intentó calmarla con una voz sumamente comprensiva y tocando con delicadeza sus hombros en cuanto advirtió en su intranquilidad— Soy yo, acaso no me reconoces.

En aquel instante ella levantó la mirada que hasta el momento la había tenido baja y esquiva de la de su compañero, y que ahora la confrontaba. Ella pudo ver la manera tierna como él la veía, junto con la sonrisa dulce que esbozaba. Dejó de temblar.

— Yo…, no sé si… —sus palabras entrecortadas confundieron un poco a su compañero— No creo que…

— Podemos salir afuera si lo prefieres —irrumpió— Sí crees que este no es el momento adecuado... Tal vez me apresure un poco —hizo una pausa y luego continuó— Yo nada más quería que pasáramos un momento agradable, donde pudiéramos divertirnos juntos, pero si prefieres regresar donde están los demás. Está bien. Volvamos.

— No…, aun no quiero volver —esa reacción fue nueva y extraña a la vez— Yo… sí…, sí quiero hacerlo contigo Lex —afirmaron sus pequeños labios, hundiendo su rostro en el pecho desnudo de su compañero. Misteriosos instintos femeninos despertaron en ese momento.

— Qué es lo que le pasa —se dijo para sus adentros— Por qué se comporta así por algo que ya hemos hecho varias veces.

— Bien —fue la única palabra que dejo salir el muchacho.

Ambos se separaron en ese instante; él se movió en dirección a la mesa que tenían cerca, mientras que ella se quedó completamente quieta, tal vez esperando que Lex la cogiera por detrás, donde precisamente estaba ahora, pero con otras intenciones.

— ¿Cuáles quieres? ¿Los blancos o los negros? —preguntó de pronto.

Emma realmente se extrañó con esta pregunta. Tuvo que volverse para ver sobre lo que estaba hablando su compañero. Fue una gran sorpresa ver un tablero de ajedrez en aquella mesa, y sobretodo que Lex estuviera armando las piezas, sentado en una de las sillas. Hasta el momento no sabia lo que se suponía que debía de decir, o talvez gritar, como precisamente debía sentirse, o finalmente como debía reaccionar.

— ¡¿Qué-qué crees que estas haciendo?! —fue lo único que pudo articular después de un instante.

— Acaso no te lo había dicho —contestó, obviamente refiriéndose a todo lo anterior— Está vez si pienso ganarte.

— ¡Tu… eres… eres…! —su ira no podía ser mas justificable, y por el imponente puño que tenia en alto era bastante predecible lo que haría— ¡… eres… un… un… un IDIOTAAAAAAAAA! —vociferó por lo alto, al tiempo en que arremetía, quizá, el golpe más fuerte que había dado en su vida.

Fue un golpe bastante fuerte. Lex fue a dar a una de los rincones de la bodega. Cayo encima de algunos cacharros del lugar, y con el rostro algo deformado por el golpe susurró una queja:

— ¿Y ahora que hice?

La chica enfurecida salía del lugar, sin antes hacer estallar la puerta cuando la cerró.

Lex se tomó un tiempo en levantarse, y mientras lo hacia empezó a reflexionar:

— Y ahora que rayos hice para que me golpeara. Está completamente loca, si nada mas quería jugar una partida…

En ese momento rebobinó su cerebro. Comenzó a recordar exactamente todas las palabras que él y ella habían estado diciendo, y también cosas extrañas, como el nerviosismo de Emma, la manera como hundió el rostro en su pecho, y al final reparó en la confusión, en lo que su compañera había creído; sobretodo en su cabeza empezó a resonar una y otra vez aquellas palabras: “Yo… sí…, sí quiero hacerlo contigo, Lex”.

— ¡Pero que…! —se dijo asimismo golpeándose la cabeza, sintiéndose realmente como un idiota.

Lo siguiente que hizo fue salir de aquel lugar. Inmediatamente emprendió una desesperada carrera para alcanzar a su chica, sin tener la menor idea de lo que le iba a decir.



Fin del trozo
OFF: Con esas confesiones ya me estás matando (no podía dejar de ponerme la mano en la cara).

Volviendo al trozo, pues...leí el comienzo y pensé que esto iba a ser algo más típico, pero has logrado que sea atractivo. Y si que me has sacado unas sonrisas que se convirtieron en carcajadas. Es que... te salen los diálogos más naturales, y la forma en que narras es perfecta para una serie como esta. Diría que entre este caso y el de Vaan, estás tratando de buscar diferentes formas de expresión entre una relación común chico-chica. Este es digamos el caso más "ligero" de los que propones, pero que no deja de ser interesante. Me gusta como has resuelto este capítulo. Sigue así.
Aunque no lo creas, todo lo he aprendido de ti Momo-chan, esa manera sencilla de escribir...

¿En verdad ya te saque carcajadas...? Yo crei que me costaria más trabajo hacerlo, jejejeje, ya no importa. Aun asi seguiré escribiendo con la misma meta de hacerte reir. Oh Momo-chan, me siento tan feliz, y no sé por que mis ojos estan lagrimosos... sniff, sniff... creo que se metio una piedrita en el ojo...
(07-06-2009 04:43 AM)Momotsuki Escribió: [ -> ]Es que... te salen los diálogos más naturales, y la forma en que narras es perfecta para una serie como esta. Diría que entre este caso y el de Vaan, estás tratando de buscar diferentes formas de expresión entre una relación común chico-chica. Este es digamos el caso más "ligero" de los que propones, pero que no deja de ser interesante. Me gusta como has resuelto este capítulo. Sigue así.


Bueno, digamos que si...

Olvide mencionar en las "breves aclaraciones" que Trozos de vida definitivamente narra tres relaciones chico-chica que son: Vaan-Eli, Lex-Emma y Bensh-Mei, aunque en éste ultimo caso por momentos se manifestara otras relaciones que son: Bensh-Amy y Bensh-Kath.

Atinaste al decir que El Caso de Lex es el más ligero de los tres
vaya si que ha estado muy ingeniosa la historia, de verdad el drama y el romanticismo que habia en el caso de Vaaaann, ha sido cambiado por una historia de enredos y y bromas, bueno esta es una presentacion pero continuala para seguir opinando ps......

pero como dijo momotsuki, eres habil en enfocar las historias de forma diferente,aunke es algo muy a los shoujo.
Te iras sorprendiendo a medida que avance la historia... ya lo veras...

Ahora estoy concentrado en la presentacion del "Caso de Bensh" asi que no podre postear nuevos capitulos hasta finales de mes. No me decido a quien dedicarsela... hay tres escritores... hum...
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5 de Febrero

Despedida




— ¿A dónde crees que vas? —preguntó Mei, extrañada.

— A despedirme de alguien —contestó abriendo la puerta— Creo que sabes de quien —sonrió y agregó— Hace algún tiempo que no la visito por la noche.

La muchacha movió negativamente la cabeza cerrando los ojos, y afirmó:

— No tienes remedio.

— Vamos, que ya no lo haré sino hasta que regrese de mi viaje.

— No te tardes mucho. Mira que aún no haz hecho las maletas; y tenemos que salir de aquí a la 1:00 a.m.

— No te preocupes. Antes de las 12:00 p.m. estaré de regreso —aseguró Lex, saliendo.

— Eso espero, idiota —expresó Mei con pesimismo desde la escalera, después que su primo cerró la puerta.


Al fin llego el día tan esperado por Lex. Al fin tomaría el vuelo a EE.UU.

Bensh y Mei lo acompañarían al aeropuerto; muy a pesar de todas sus diferencias; ambos lo harían. Un acto muy considerado a comparación de los hermanos de su padre; sus tíos. Excusaron a su favor que debían de descansar. Trasnocharse en el aeropuerto no les sentaría bien para el agotador día de trabajo que les acechaba. Lex le resto menor importancia a esto. Lo más importante para él en este momento era pensar en encontrar a su madre. Saber por qué inexplicablemente había dejado de comunicarse con él. Una vez en Norteamérica encontraría todas las respuestas.

Pero por ahora otra cosa era lo que le interesaba…



— Hermana necesito entrar al baño. Me hago pis… —tocaba la puerta Soka, el hermano menor de Emma.

— ¡No me molestes! —levantó la voz desde la ducha— ¡Todavía me estoy bañando! ¡Saldré cuando acabe!

— ¡Por favor! Me orino, me orino —urgía el niño.

— ¡Esta bien! ¡Ya salgo! ¡Ya salgo! —dijo malhumorada— Critter fastidioso.

Unos dos minutos más tarde la adolescente salía del baño con una pequeña toalla que apenas lograba cubrir sus partes íntimas, y otra más envuelta en su cabello. Desesperado Soka entró al baño, con las manos puestas sobre su sexo; Como si estuviera reteniendo la orina.

Emma caminaba a su habitación, que se encontraba frente al baño, al final del pasillo; y al lado de la habitación de su hermano. Entro en él, y al prender la luz se encontró con una sorpresa; no tan inesperada, y hasta repetitiva.

— ¡Hola! —saludó alegremente Lex levantando una mano, sentado sobre una silla con los brazos cruzados sobre el respaldo de esta.

Emma sin ninguna explicación le dio un puño en la cabeza, con la única mano que tenia libre. Con la otra sostenía la toalla.

— ¿Acaso tus padres no te enseñaron a saludar primero? —comentó adolorido.

—Y los tuyos, no te enseñaron a no entrar a la habitación de una chica —refirió socarrona y molesta— Te doy 5 segundos para que salgas de aquí, antes que traiga el bat de béisbol de Soka.

— Por favor con el bat, no —dijo con su fingido melodrama, poniendo una carita de inocente— Duele mucho. Como puedes ser tan mala conmigo…

— Grrrrr… Eres un…

— Especialmente cuando solo vine a despedirme de ti —aseguró.

— ¿Cómo que vienes a despedirte? —preguntó inquieta y apaciguando su ira.

— Así es, me voy a EE.UU. —dijo con seriedad— Me voy a averiguar que fue lo que paso con mi madre. Ya no puedo continuar con esta angustia —esquivó su triste mirada— No sé todavía cuando tiempo me llevará encontrarla. No cuento con mucha información. Es probable que no regrese a tiempo para el comienzo de las clases. Y hasta quizá pierda el año.

Ella lo miró preocupada y triste. En ese momento quiso decirle unas palabras de aliento. Nada se le vino a la mente. Se limitó solo a preguntar esto:

— ¿No tendrás ningún problema con el ingles?

— Por favor, como preguntas eso —expresó reponiéndose de ese aire melancólico que le sentaba tan mal— Siempre tuve las mejores calificaciones de la clase.

— Sí, era la única clase donde tenías buenas calificaciones —comentó tambien con diversión— Y donde no me pedías prestado la tarea.

Ambos rieron para variar.

— ¿Qué día será tu vuelo? —inquirió después que dejaron de reír.

— Mañana —se apresuró a responder— Para ser preciso, dentro de unas 5 horas. A las 3:00 a.m.

Emma lo golpeó de nuevo, como en el comienzo.

— ¡Idiota!, ¡Recién me lo dices!

— Oye, eso no es suficiente excusa para que me golpees —replicó nuevamente adolorido.

— ¡Cómo que no! —dijo. Luego bajó el tono de su voz para agregar tímidamente— Ahora no tenemos tiem…

— ¿Para qué crees que vine a verte? —esbozó una insinuación, sonriente y jovial, que hizo incomodar a la chica al punto de hacerla sonrojar.

— ¿En qué está pensando? —se preguntó Emma para sus adentros, mientras daba un paso hacia atrás. Al tiempo que él se le acercaba decidido y embelesado; a lo mejor por el hecho de que su cuerpo únicamente estaba cubierto por aquella toalla.

— Tal vez no te vuelva a ver en mucho tiempo —dijo con suavidad y sinceridad, mirando fijamente los ojos trémulos de la joven, que lo miraban con una extraña ansiedad por lo que sucedería después.

— Sí, tal vez no nos veremos en un largo tiempo —susurró ella, agachando un poco la mirada. Tener tan cerca a este chico le provocaba estas reacciones.

— No tienes idea de lo mucho que te extrañare —continuó con dulzura, aventurándose a tomar su mano y acercándose aún más a ella— Quiero que esta noche sea especial.

— Lex… —murmuró sorprendida y enrojeciendo su rostro.

— No quiero irme con ningun arrepentimiento —con su mano libre cogió la otra mano de Emma, con la cual sostenía la toalla arriba de sus pequeños bustos, pero no la retiro del objeto— Quiero hacerlo…

— E-esto es algo inesperado, no sé si estoy preparada. Será mi primera vez —se decía para sus adentros la joven— Esta bien que mis padres no se encuentren, pero Soka podría escucharnos. No debemos hacerlo. Por favor, detente Lex.

— No me detendré por nada —dijo como desafiando a sus pensamientos, acercándose, con unas intenciones bastantes obvias para el momento: Besarla.

— No debemos… —susurró empequeñecida ante la proximidad de su compañero. Estremecida y ansiosa a la vez por lo mismo.

— Si gustas después puedes romperme los huesos a punta de golpes, no me importa —dijo encontrando la mirada de su compañera, que antes había eludido la de él, ya muy cerca de juntar sus labios— Esto es algo que he querido hacer desde hace mucho tiempo. No pienso retraerme ahora. Seré muy infeliz si no lo hago antes de marcharme.

— Yo tambien… —dijo mentalmente cerrando los ojos, acercándose al muchacho que tambien hacia lo propio.

Y cuando ya estaban a unos milímetros de encontrar sus labios; de pronto la voz de Soka resonó con fuerza:

— ¡Hermana! ¡Hermana! —gritaba corriendo por el pasillo hasta llegar a la puerta de la habitación de Emma; seguido, giró la perilla.

La adolescente reaccionó y empujó a Lex hacia la puerta que se abría hacia adentro; al tiempo que el niño la empujaba con fuerza y sin ninguna prudencia, abriéndola y llevando al adolescente a estrellarse contra la pared; quedando aplastado y escondido del inoportuno chiquillo.

— ¡Soka! —gritó Emma, enojada y aún ruborizada— ¡Cuantas veces tengo que decirte que no entres a mi habitación sin tocar! ¡Podría haber estado desnuda!

— ¡Lo siento, hermana! —se disculpó el niño dando un paso hacia atrás por la agresiva reacción de su hermana— Sólo vine a decirte que ya va a comenzar la película que querías ver. Ya son las 11:00 p.m.

— ¡Engendro del demonio! por qué siempre tienes que arruinarme los momentos —expresó Lex para sus adentros.

— Sí, en un momento bajo —dijo suavizando sus palabras, para luego explotar— ¡Pero si vuelves a entrar a mi habitación sin tocar, te meto de cabeza al escusado! ¡Me escuchaste!

— ¡De acuerdo! ¡De acuerdo! No lo volveré a hacer —afirmó asustado por la amenaza de la joven. El niño sabia de todas las cosas de las que era capaz su cruel hermana— Te espero abajo —informó saliendo y cerrando la puerta.

— Y me preguntas porque odio a tu hermanito —se reincorporó Lex, acercándose de nuevo a Emma, tocándose el rostro— Ese puertazo me dolió.

— Ahora ya no nos molestara —dijo ruborizada, llevando tímidamente los dedos a la boca— Creo que podemos continuar…

— ¡Espera un segundo! —exclamó inquieto de pronto— Acaso Soka no dijo que eran las 11:00 p.m.

— Sí, eso fue lo que dijo.

— Pero si mi reloj marca las 10:00 p.m. —observó el reloj de su muñeca— El reloj de tu casa debe estar adelantado.

— O el tuyo debe estar atrasado —refirió Emma con pesimismo.

El momento romántico murió. No había ningún indicio de que resucitara.

— ¡Aaah! ¡Ya tengo que irme! —dijo el joven desesperado— ¡Aún no he hecho las maletas!

— Sólo tú esperas hasta la ultima hora para hacer las maletas —expresó completamente desilusionada por la prisa del muchacho.

— Ya que tu molesto hermanito esta abajo en la sala, no me queda de otra que salir por donde entré —informó acercándose a la ventana abierta y asomándose hacia fuera.

— Sí, no te queda de otra que bajar por el árbol —dijo con los ojos cerrados, detrás de él.

— Es un gran alivio saber que hoy no me empujaras por la ventana, como lo haces siempre —dijo con tranquilidad, saliendo por la ventana, estirando el brazo hacia una rama— Porque hoy no estas enojada, ¿verdad?

— Acerca de eso —dijo levantando el pie a las espaldas del muchacho— lamento decirte… que si estoy enojada, idiota —Informó empujándolo con fuerza.

El joven fue cayendo desde el segundo piso, rebotando de rama en rama; que en lugar de lastimarlo, amortiguaban su caída hasta llegar al suelo.

— ¡Ooooh…! Mi espalda —bramó adolorido boca arriba

Emma cerró la ventana. Es fácil suponer cual era la razón de su disgusto.

— ¿Por qué siempre tiene que hacerme esto? —se quejó Lex, levantándose— Ni siquiera porque me voy a otro país deja de ser cruel conmigo.

Repentinamente la ventana se abrió. Emma sacó la cabeza. Y con alegría, como para levantarle el ánimo y esconder la tristeza que le causaba su partida, dijo:

— ¡Buena suerte, Lex! —mostrando su mejor sonrisa— ¡Trata de regresar lo más pronto posible! —y para sus adentros agregó— Te estaré esperando. No sabes la falta que me harás.

— No tienes que decírmelo —contestó el chico levantando la mano— Ya veras que estaré de regreso para el comienzo de las clases —concluyó con su casi eterna sonrisa, sin mucha convicción sobre eso. Como menciono al comienzo, era probable que perdiera todo el año.

Emma volvió a entrar. Mientras tanto Lex comenzaba a alejarse de la casa, pero sin antes volverse a verla unas cuantas veces. No la vería en mucho tiempo; ni tampoco a la adolescente que vivía en ella. La persona a la quien más extrañaría.

— Idiota… me lo hiciste de nuevo —expresó ella con tristeza, sentándose sobre cama.



El mismo joven que hace instantes se había aventurado a escalar un árbol hasta llegar a la ventana de su chica, igual que los amantes de novelas antiguas, caminaba ahora por una calle no tanto concurrida por la hora; reflexionando cabizbajo:

— No pude lograrlo. Como no pude fijarme bien en la hora. Yo… —se encorvó hacia delante con los brazos sueltos— Nada más quería besarla. Sólo un beso. Acaso es mucho pedir. Emma me gusta desde el primer año, y hasta ahora no he podido sentir el sabor de sus labios. ¿Por qué las cosas siempre tienen que ser tan difíciles entre nosotros?

Místicamente el viento resopló con fuerza hacia este desahuciado joven; el silbido traía consigo otro sonido fantasmal e ininteligible que más o menos decía así: idiotaaaaaaaaaaaaaaaaaa.

El muchacho se inquietó ante esto. Miró a los lados buscando de donde provenía eso. No halló nada. Sin embargo, la naturaleza volvió a conspirar contra él. El sonido retornó: idiotaaaaaaaaaaaaaaaaaa.




Cerca de una hora después, Lex llegaba a la calle de su casa. Podría haber tardado el doble si no se hubiera puesto a correr a medio camino.

Entró a su casa muy decaído; sintiéndose el hombre más desdichado del mundo. No era para menos. Mei lo observaba con una taza de café en la mano; saliendo de la cocina.

— ¿Y qué tal te fue? —preguntó antes de dar un sorbo.

— No quiero hablar de eso —respondió subiendo las escaleras, imitando los movimientos de un zombi, con la cabeza bastante abajo— Voy a hacer las maletas.

— Emma debió arrojarlo de nuevo por la ventana —expresó Mei luego de escuchar el sonido que hizo la puerta de la habitación de Lex, cuando éste la cerró— Nunca aprende. Que le vamos a hacer —tomó otro sorbo y concluyó— No tiene remedio.




Fin del Trozo
Me divertí bastante con este capítulo. Sinceramente mientras lo leía conseguí imaginarme las escenas. Realmente en ese sentido consiguió que mi imaginación volviera a volar...
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