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Versión completa: El Caso de Lex
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Tienes razon, sigo descuidando la gramatica y la ortografia. La verdad es que no cuento con mucho tiempo para revisarlas a detalle. Editaré todos los trozos de este Caso en cuanto pueda

Al parecer a ti tambien te divirtió el primer trozo. Me dan más ganas de seguir escribiendo sobre Lex cada vez que me dicen eso. En estos momentos estoy concentrado en Bensh. No tienes idea lo dificil que es escribir tres historias totalmente distintas al mismo tiempo.

Algo más, no era necesario que citaras los trozos que leiste... Mis demas lectores podrian confundirse con esas citas
Huy, sorry, no se me ocurrio, ahorita lo edito!
Este es un aviso para todos que siguen esta historia:

La produccion de nuevos trozos está en paro hasta nuevo aviso...
Aaaaaaaahhhhhhh!!!!!!!!!!!! Nooooooooo!!!!!!!!!!!!! Ahora como diantre para yo si tu también lo haces?!?!
(16-09-2009 01:22 PM)jahv Escribió: [ -> ]Este es un aviso para todos que siguen esta historia:

La produccion de nuevos trozos está en paro hasta nuevo aviso...
Me temo que te he contagiado...
Por que tienen que ser tan dramaticos... jejeje Shy

Si paré la produccion de capitulos de esta historia, es por que estoy concentrado en el Caso de Vaan y Bensh
Se acabo la vagancia... es hora de ponerme a trabajar...

Hoy empiezo a escribir el cuarto trozo de este caso. Calculo que lo estare terminando en una semana. Asi que ya lo saben. Jahv volvió a las andadas...
Bien, porque no puedo aventurarme a los otros si no termino este!!!
16 de Febrero

Hermanito


(Primera Parte)



Soka revisaba el diario de Emma, aprovechando que ésta se encontraba en la sala, ocupada con los deberes de la casa.

— Mi hermana volvió a escribir acerca ese idiota que se fue a EE.UU. No sé que le ve —se sentó sobre la cama— Debo admitir que el tipo tiene agallas. Hay que tener mucho valor para acercarse a mi hermana. Es una homicida en potencia. Tengo mucha suerte de todavía seguir con vida —volteó una pagina del diario— Siempre escribe acerca de él. ¿Será que en verdad lo quiere?... No lo creo. La última vez que le pregunte si eran novios, me dijo que Lex era un idiota que no dejaba de molestarla; que lo odiaba y estaba cansada de él. Yo también lo odio. Es por eso que nunca permitiré que se acerque a mi hermana. Seguiré insistiendo en acompañarlos a sus citas… tal como lo hice aquel día… el día que lo…


********************************************************************************​*******************


Era el mes de mayo…

Durante estos primeros meses del nuevo año escolar, la parejita sensación del segundo grado: Lex y Emma, pasaban por la etapa de las primeras saliditas. Sus compañeros de clases ya comenzaban a especular que muy pronto esos dos locos serian novios…




En una tarde como cualquier otra, Lex acompañaba a Emma después de clases. Ambos caminaban por una calle poco transitado rumbo a la casa de la chica.

— ¡Hola! —saludó un niño de 7 años con mucha familiaridad, apareciendo frente a ellos— ¿Qué tal las clases de hoy? A mí me fue muy bien. Las ecuaciones matemáticas no son tan difíciles como me dijiste… Y en la clase de arte, la profesora nos enseño…

— Soka, tengo un poco de prisa. Me dirijo a casa para cambiarme de ropa. Voy a salir. Por que no hablamos luego.

— Tú nunca tienes tiempo para nada —expresó el niño en son de reproche— Deberías tratar de cambiar un poco y dejar de ser tan gruñona.

— Acaso me dijiste *gruñona*, pequeño Critter —increpó acercándosele y arrugando la frente.

— ¡Ay! ¡Perdóname! ¡Perdóname! —se cubrió asustado.

— Ahora veo que no sólo conmigo se comporta de esa manera —pensó Lex, que hasta el momento estaba siendo ignorado.

— ¿Y quien es ese idiota que esta detrás de ti? ¿Es tu novio?

— Por supuesto que, no —negó con énfasis cerrando los ojos y sonrojándose— Es un compañero de clases.

— Lo suponía. Tú nunca saldrías con un idiota tan patético como él.

Lex apretó los puños. Era la segunda vez que aquel chiquillo lo insultaba.

— Oye niño, no es correcto insultar a las personas de esa manera —sermoneó amablemente, como lo haría una dulce profesora

— Así que no te gusta que te digan: *Idiota* —se mofó— Idiota, idiota, idiota, idiota, idiota…

Lex ya no pudo aguantarse la cólera.

— Ahora escúchame bien, segundo hijo de Chucky —gruñó agarrándolo de la cabeza con una mano y haciendo un poco de presión en tal, ignorando a Emma por completo— Una cosa muy diferente es dejar que las chicas y algunos de mis amigos me digan: *Idiota*. Pero que me lo diga un mocoso que ni siquiera conozco; eso es algo que no puedo permitir.

— ¡Ay! ¡Me duele! ¡Me duele! —sobreactuaba tratando de quitarse la mano que lo traía sujeto— ¡Ya déjame!

— ¿Que rayos crees que estas haciendo? —increpó Emma a las espaldas del adolescente.

— Que te parece que hago —respondió Lex levantando un puño— Le daré una lección para que aprenda a respetar a la gente.

Antes de que pudiera darle el puño en la cabeza del niño, Emma se lo dio uno a él, con todas sus fuerzas.

— Ese mocoso segundo hijo de Chucky… es mi hermanito, idiota.

Al final Lex terminó pidiéndole disculpas a Soka, obligado sin duda por Emma.





Durante el receso de la mitad de clases del día siguiente, Lex y Emma dialogaban…

— Mira lo que gane por ser el cliente numero cien de una horrible pizzería —dijo mostrando dos papelitos rectangulares— Dos pases libres para el zoológico que inauguraron la semana pasada.

— Para el zoológico, eh —repitió cogiendo las entradas— Estoy segura que esto le encantara a Soka. A él le gustan mucho los animales.

— ¡Espera! ¡Espera! ¿A Soka?

— Sí, a Soka. Porque iremos con él.

— Por que tenias que decir eso —dijo para sus adentros encogiendo los hombros— Yo esperaba que esta fuera nuestra quinta cita. Si llevas a ese Critter ya no será una cita.

— Al parecer le caíste bien a mi hermanito. Me rogó que si alguna vez salíamos, lo lleváramos con nosotros. No nos causara problemas. Sé que a veces es molesto y muy travieso, pero sabe comportarse cuando se lo pido amablemente.

— ¿Amablemente?... Sí, ya me lo imagino.

— ¡¿Que estas insinuando?!

— ¡Nada! ¡Nada!

Estuvo cerca de recibir otro puño por parte de la chica.

— Creo que tenemos un pequeño problemita: Únicamente tengo dos entradas. Así que temo que tu educado angelito se tendrá que quedar.

— En ese caso no te parece que deberías pagarle la entrada.

El muchacho abrió los ojos, sobrecogido. No obstante, no le quedaba de otra más que aceptar la condición… de mala gana.





Al anochecer en la casa de Lex…

— ¿Por qué tenia que decir eso? —refunfuñaba Lex caminando en círculos dentro de su habitación— Todo iba tan bien… Ese fastidioso chiquillo, ¿Qué es lo que pretende insistiendo en acompañarnos a nuestras citas?

— Alejarte de su hermana —respondió a su pregunta al aire Mei, que desde hace un rato lo observaba apoyada en la puerta—Acaso no es bastante obvio.

— Así que el mocoso sólo trata de proteger a su hermana. Quien lo diría, tan pequeño y tan celosito —expresó relajándose— Bien, haré un gran esfuerzo para llevarme bien con él. Y si no lo logro, lo lanzo a la jaula de los leones.

— Pues, te deseo mucha suerte con él —mofó cruzando los brazos— Te diré algo: ¿te acuerdas de Henry? el chico que pretendía a Emma el año pasado.

— No me lo recuerdes —murmuró con incomodidad y molestia.

— Bueno, ¿Sabes por que desistió de conquistarla?

El muchacho alzó una ceja en señal de intriga.

— Fue precisamente por su hermanito. La primera vez que salieron los tres, Emma vio como Henry le dio un coscorrón a Soka —suspiró y continuó— Ya te imaginas lo que sucedió después…

— Ese niño se lo busca. Yo estuve a punto de hacer lo mismo. Es realmente insoportable… ¡Espera! ¡Claro! Esa es su estrategia. Él sabe que su hermana siempre lo defenderá; es por eso que busca provocar a sus pretendientes. Es un verdadero demonio de la discordia.

— No, es solamente un hermanito celoso —dijo Mei retirándose.





Era un día soleado… un perfecto día para una cita...

— ¡Qué graciosos son! —reía Soka viendo la jaula de los monos.

Lex y Emma lo veían alejados desde un cierto trecho. Por un momento ambos se miraron de reojo y sonrieron. De pronto, Lex decidió acercarse al niño; sus intenciones eran bastantes obvias.

— A mí también me gustan los monos —sonrió al lado del niño— Son muy graciosos, ¿verdad?

— Sí, son muy divertidos —le devolvió la sonrisa— Me hacen recordar a alguien que conocí hace dos días.

— ¿Así? ¿A quien?

— A ti —respondió con burla— Pero hay una diferencia entre estos tontos monos y tú. Ellos no son unos idiotas. Ellos actúan así porque es su naturaleza, y no porque son unos descerebrados que se dejan mandonear por una chica.

— Engendro del demonio —gruñó a medio camino de ponerle las manos encima.

Soka dio un paso hacia atrás, simulando estar asustado. Lex en un acto de precaución viró la cabeza hacia Emma; encontró la austera y asesina mirada de la muchacha que lo vigilaba interrumpidamente. Forzó una sonrisa y palmeó la cabeza del niño con suavidad.

— Que niño…




Pronto se encontraron frente a una pequeña laguna abierta. Lex y Emma se acercaron hasta la orilla y divisaron el paisaje lleno de cisnes que jugueteaban en el agua. Soka, unos pasos detrás de ellos, se entretenía viendo como unas hormigas cargaban con los restos de un insecto muerto.

— ¿No te parece que es un lindo paisaje? —expresó Lex con su inigualable sonrisa.

— Sí, es un perfecto lugar para relajarse y olvidarse del mundo —susurró esbozando una tenue sonrisa— Esas aves son muy hermosas.

Emma dejándose llevar por todo el ambiente romántico, recostó la cabeza sobre el hombro de su compañero. Lex se aventuró a rodear con un brazo la cintura de su chica y atraerla un poco más hacia si. A Emma no le molestó ni mucho menos le incomodó la cercanía de aquel chico con el cual salía desde el comienzo del segundo año, al contrario de eso, le agradó el hecho de que al fin se atreviera a insinuársele de esa manera; razón de esto fue el fraccionar de brazos y las mejillas sonrojadas al sentir el calor del cuerpo masculino cerca del suyo.

De un momento a otro, Soka se volvió hacia la pareja. Le causo gran sorpresa y enojo ver como Lex abrazaba a su hermana. Corrió hacia ellos y con haciendo uso de todas sus fuerzas arremetió una patada en la pierna del muchacho. Le dio justo donde dolía más: en la tibia.

— ¡Enano malcriado! —aulló en medio del gran dolor separándose de Emma— ¿Por qué hiciste eso? —se frotaba la parte adolorida.

— ¡Porque eres un idiota! —escupió el niño.

— ¡Ahora si me la vas a pagar! —caminó hacia él con todas las intenciones de ponerle las manos encima.

— ¡Hermana! ¡Hermana! —corrió y se aferró a ella fingiendo estar asustado— ¡Lex es muy malo! ¡Mira, quiere pegarme!

El adolescente se detuvo en seco.

— ¡Ya déjalo! ¡¿Cuál es tu problema?! —le reclamó la muchacha abrazando a su hermanito.

— ¡Como que cual es mi problema! ¿No viste lo que me hizo?

— No, no vi nada. ¿Qué fue lo que te hizo?

— Acaso no viste que tu hermanito me pateo.

Emma se volteó hacia Soka, y le preguntó:

— ¿Es cierto eso? ¿Lo pateaste?

— ¡Claro que, no! ¡Yo no le hice nada! —aseguró enérgicamente.

— Pequeño mentiroso —dio unos pasos hacia ellos.

— ¡Ya basta, Lex! —la voz de Emma resonó con más intensidad.

— Lo ves —dijo Soka— Tu compañero me odia. Es muy malo. Me insulta y quiere pegarme. Cuando estuvimos en la jaula de los monos me llamo: *engendro del demonio* —fingió temor— Y me dijo que si te lo contaba me iba a dar un coscorrón.

Emma miró a Lex con enfado.

— Espera… no iras a creerle, ¿verdad? —se defendió éste.

Emma dudaba. No había muchos alegatos a favor de Lex. El muchacho era mentiroso y bromista. La chica lo conocía desde hace un año, y tenia gran conocimiento de todas sus tretas y planes que hacia para conseguir casi siempre lo que se proponía… lastima que nada le salía bien.

Por otro lado, Soka tenia mucha más credibilidad. El simple hecho de ser su hermanito era suficiente pretexto para dar fe a sus palabras.

Emma exhaló un hondo suspiro y luego, sin imaginárselo ninguno de sus dos acompañantes lo que planeaba, apuntó hacia el agua y exclamó:

— ¡Qué horrible! ¡Creo que vi un pez bastante deforme ahí!

— ¿Dónde? —ingenuamente Lex se agachó al ras de la orilla; igual que Soka.

En un movimiento veloz Emma cogió al muchacho por la cabeza y lo hundió en el agua.

— ¡Nunca vuelvas a amenazar a mi hermanito! ¡Me entiendes! —recriminaba mientras veía a Lex agitar los brazos por la falta de oxigeno.

— Hahahaha, eso te mereces por abrazar a Emma —reía Soka al lado de su hermana.

La chica giró la cabeza y fijó su mirada asesina sobre el niño.

— Así que si lo pateaste, pequeña rata.

— ¡Ah! No, yo no hice nada… —dijo Soka encrespado, levantándose con todas las intenciones de alejarse.

— ¡Ven aquí! —lo atrapó de un pie antes de que pudiera hacer un amago de escape.

— ¡Perdóname hermana! ¡Perdonameeeeee!!!


En el siguiente cuadro, Emma ya no sólo ahogaba a Lex, sino ahora también a su hermanito, sujetándolos a cada uno por la cabeza.

— ¡¿Ahora piensan seguir peleando?! —dijo con dureza sacándolos del agua.

— ¡Ya no pelearemos! ¡Ya no pelearemos! —aseguraban aterrados Lex y Soka, abrazados el uno al otro y temblando— ¡Ya no pelearemos! ¡Ya no pelearemos!

Una vez más la muchacha imponía su posición.
(Segunda Parte)



— ¿Qué tal si ahora vamos a ver a los leones? —dijo el niño adelantándose.

— No podía estar más de acuerdo contigo —sonrió maliciosamente Lex.

Emma lo miró con recelo adivinando sus pensamientos.

— ¿Dónde están? —preguntaba Soka— No veo a los leones.

— Deben estar metidos en esa cueva.

Los felinos estaban ubicados en una fosa/cerca de gran proporción, por lo menos dos metros y medio debajo de la superficie donde se encontraban parados los adolescentes y el niño.

— Que aburrido. Yo quería ver a los leones.

— También yo…

— No podemos hacer nada.

— Hermana, tengo un poco de sed —tiraba de la playera de Emma— ¿Podrías comprarme algo?

— Claro —asintió con una sonrisa, para luego volverse hacia Lex y pedírselo— Ya lo escuchaste, ve a comprarle algo.

— Oye… —murmuró fastidiado por la forma dictatorial como se lo pidió— Bien, veré que consigo en el kiosco para los tres.

El chiquillo sonrió burlonamente mientras que Lex se retiraba.

— Soka, te podrías quedar aquí solo por un momento —dijo Emma dando unos pasos en dirección opuesta por donde se fue Lex— No tardo mucho.

— ¿Adonde vas…? —inquirió con la inocencia típica de un niño— ¿Al baño?... no me digas que es eso de tu periodo de nuevo.

La adolescente se puso rojita.

— ¡NADA MÁS QUEDATE AQUÍ! —vociferó furibunda— ¡Si veo que te has movido por lo menos un centímetro de este lugar, te aseguro que veras a los leones, porque yo misma te arrojare dentro de esa cueva para que te coman.

— ¡No me moveré! ¡No me moveré! —repitió asustado.

— Así me gusta.

La muchacha se alejó dejando solo al niño, esperando aun que los leones salieran de su cueva.

Al rato Lex retornó trayendo consigo tres coca-cola.

— ¿Dónde esta Emma?

— No lo sé. No me lo dijo —respondió arrebatándole una de las bebidas— Uhm… ¡Qué rico! —exclamó después de darle el primer sorbo.

— Ahora debo pasar tiempo de calidad con este mocoso —pensó el adolescente.

Se apoyó sobre la barandilla al lado del niño que lo ignoraba bebiendo su coca-cola.

— Soka, sé que hemos comenzado con el pie izquierdo —empezó a hablar luego de un exhalar un profundo suspiro— Aunque me pareces un niño bastante insoportable, sé que debe tener muy buenas razones para que hayas hecho todo lo que hiciste. Y entiendo en parte por que no te caigo bien. Creo que yo tambien me sentiría molesto si viera como un tipo que intento golpearme en una ocasión abrazara a mi hermana… claro, si tuviera una hermana. En lugar de eso tengo una odiosa prima que se lleva mi PC a su habitación cada vez que se le antoja.

El chaval soltó una fugaz y débil sonrisa. Le pareció gracioso lo que dijo.

— Te diré que tu hermana me había hecho cosas terribles —continuó, bosquejando una sonrisa— Pero nunca antes había tratado de ahogarme.

— Ni a mí —le devolvió la sonrisa— No sabes lo que es vivir con ella.

Ambos rieron.

— Pero aun así, yo la amo mucho. Es mi hermana —agachó la cabeza entristeciéndose— Y nunca quiero verla llorar de nuevo. No quiero que nadie ni nada la vuelva a herir.

— Lo ultimo que haría seria herirla —confesó el adolescente viendo el viento golpear las hojas de los árboles— Yo la quiero…, mucho más de lo que ella se lo imagina.

Lex se arrepintió enseguida de lo que dijo. El niño se volvió hacia él.

— ¿Estás enamorado de mi hermana? —su pregunta fue directa.

— Escúchame, enano —cerró los ojos sonrojando sus mejillas— Eso es algo de lo cual no hablare contigo. Eres demasiado pequeño para entender estas cosas.

— Eso quiere decir que si estas enamorado de ella.

— ¡Por supuesto que, no! —levantó la voz fastidiado.

Soka frunció el ceño.

— Entonces, ¿Qué es lo que te propones?

— Oye, ¿Cómo que qué es lo que me propongo? —dijo un poco nervioso por el interrogatorio.

— Sí, ¿Cuáles son tus intenciones?

— ¿Y cuáles son las tuyas haciéndome tantas preguntas? Sabes, no pienso hablar de mis sentimientos con un mocoso precoz. Además, todas las cosas que haga o no haga con respecto a Emma no son de tu incumbencia. Por que no te comportas como un niño común y corriente y dejas de molestarme.

El chiquillo frunció más el entrecejo.

— Lo sabía. Eres un idiota —expresó desafiante— Nunca permitiré que te acerques a mi hermana. Haré hasta lo imposible para lograr que ella te odie. No te desharás tan fácilmente de mí.

— Pequeño diablillo… —refunfuñó— No importa lo que haga ni cuantas veces lo intente, y en serio lo intente; tú nunca piensas dejarme en paz, ¿no es cierto? ¿Qué más deseas que haga? ¿Arrodillarme y que te bese los pies?

— Eso seria un comienzo —se burlo el niño.

— Pues aquí se acabo el bueno y amable tonto. Ahora si me las vas a pagar todas.

Lex levantó a Soka sujetándolo por el espaldar del chaleco, y lo aproximó a la cerca.

— ¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡Bájame en este momento! —forcejeaba.

— No sé quien disfrutara más con todo esto: los leones comiéndote, o yo viendo como lo hacen —comentó con una sonrisa malévola.

— ¡Ya suéltame, o se lo diré a mi hermana! ¡Ella te asesinara sin duda!

— Eso no me preocupa. Ya que tu hermana siempre esta tratando de asesinarme. Así que no creo que las cosas cambien luego de esto.

— Yo no estaría tan segura de eso —irrumpió una voz femenina por detrás.

— ¡Por favor que no sea Emma! ¡Por favor que no sea Emma! —rogaba mentalmente Lex volviendo la cabeza con lentitud.

Se encomendó a todos los santos cuando vio a Emma cruzado de brazos y con su severa mirada, fija en él.

— Bájalo inmediatamente —ordenó la chica.

— Sí, claro —se precipitó a obedecerla— Emma, esto no es lo que parece. Estaba jugando con él. Sólo quería asustarlo un poco —explicó con nerviosismo, miedo y una forzada sonrisa— No creerás que en verdad lo arrojaría ahí, ¿o si?

— No te preocupes, yo entiendo —dijo fingiendo serenidad como en la laguna.

— ¿En serio? ¿No estas molesta? ¿N-no-no me harás nada?

— Que dices… —se acercó hasta la barandilla sonriendo— Y para ser sincera, me pareció divertida esa bromita que le jugaste a mi hermanito.

Soka se inmutó; sabia que su hermana tramaba algo. Él la conocía muy bien.

— ¿Ves este crucifijo? —cambió de tema con un tono nostálgico, sacándose el collar que llevaba consigo en el cuello— Mi abuelita me lo regalo antes de morir. Es algo muy valioso para mí. Me sentiría triste si en algún momento lo perdiera —estiró la mano entregándoselo al chico— Tómalo, quiero que tú lo tengas.

— Emma… —susurró conmovido levantando la mano para recibirlo.

Antes de que Lex lo cogiera, Emma intencionalmente lo dejó caer dentro del cerco/fosa.

— ¡Ah, no! ¡Se me cayó! —exclamó mirando hacia abajo.

Casi instantáneamente se volvió hacia Lex y le ordenó:

— Ve a traérmelo.

— Quieres que baje ahí —tragó saliva el muchacho.

— Hazlo —determinó con enfado— La altura es solamente de un poco más de dos metros. Puedes saltar sin ningún problema.

— Sí, sólo me torceré un tobillo —pensó Lex.

— Luego yo te ayudare a subir.

— Hum… si en verdad ese crucifijo es tan importante para ti —expresó decidido— Bien, lo haré.

Ambos giraron a todas direcciones viendo si había personas por los alrededores.

— ¡Vamos! ¡Hazlo de una vez! ¡No hay nadie cerca!

— Ya voy… pero ayúdame.

Emma lo ayudó a bajar agarrándolo de la mano. A Lex le costaba bajar por esa lisa pared. Cuando vio que la distancia del suelo era corta, decidió saltar. Se le acalambraron las piernas al caer.

— ¡Atrápalo! —gritó Lex lanzándole el collar.

Emma lo atrapó con satisfacción.

— Ahora ayúdame a subir —estiró el brazo al ras de la pared.

— Ayudarte… —sonrió socarronamente la adolescente con los brazos cruzados, mirándolo con insignificancia.

El pobre muchacho tuvo el terrible presentimiento de que la chica pensaba dejarlo ahí.

— Por favor Emma, no bromees con esto —suplicó con una descuadrada sonrisa.

Emma asió por el brazo a su hermanito y dio media vuelta.

— Por favor, no me dejes aquí solito.

— No te preocupes, no estarás solito. Mira quienes decidieron salir de la cueva.

Lex giró la cabeza y vio a los felinos con sobrepeso caminando muy lentamente. Siendo preso de un gran pavor, corrió hacia uno de los árboles y lo trepó con desesperación, hasta llegar a la rama más alta.

— ¡EMMAAAAA! —vociferaba pidiendo auxilio— ¡EMMAAAAAAA!!!!!!

La muchacha no hacia otra cosa que alejarse del lugar, ignorándolo.

— Hermana… —murmuró Soka apiadándose del adolescente— Piensas dejarlo ahí… no te parece que estas siendo muy mala con él.

La chica se volvió hacia él con su desabrida y sombría mirada, bastante enojada.

— Acaso dijiste que soy *mala*, insignificante insecto. ¿Quieres que te deje con él?

— ¡No dije nada! ¡No dije nada! —se achicó atemorizado.

— Sí, así lo creí.

Pronto los demás visitantes del zoológico se acercaron alarmados por los gritos del adolescente. Muchos tomaron fotografías, para vendérselos a los infaltables reporteros, que obviamente distorsionarían la verdad abarrotando los titulares de mañana: “Adolescente con problemas mentales entra a la jaula de los leones”, “suicida entra a la jaula de los leones… luego se arrepiente”, “las estupideces que hace un adolescente por amor”. Tardaron una hora en llamar a control de animales para que adormecieran a los felinos con dardos, para así finalmente rescatar al joven sano y salvo.

Al día siguiente fue la noticia de primera plana de todos los diarios del país.


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Soka volteó otra página. Ahora leía lo que su hermana mayor escribió el día de ayer. Ya no le causaba sorpresa ver que seguía mencionando a Lex.

— ¡Soka! ¡De nuevo estas leyendo mi diario! —resonó de pronto una voz femenina por todo el dormitorio.

— ¡Hermana! —enseguida se puso de pie soltando el cuaderno.

— ¡Esta vez no te lo perdonare! ¡Ven aquí!

El niño corrió hacia la ventana abierta con intenciones de saltar al árbol. No pudo lograrlo. La chica lo atrapó apenas cuando tocó el marco de ésta.

— ¡Adonde crees que vas!

— ¡Noooo! ¡Perdóname hermana! ¡Ya no volveré a hacer! ¡Perdónameeeeee!!!!!

Emma castigó a Soka, de la misma forma como lo haría una adolescente poco paciente y malhumorada con su pequeño hermanito husmea diarios.





Fin del trozo
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