16 de Febrero
Hermanito
(Primera Parte)
Soka revisaba el diario de Emma, aprovechando que ésta se encontraba en la sala, ocupada con los deberes de la casa.
— Mi hermana volvió a escribir acerca ese idiota que se fue a EE.UU. No sé que le ve —se sentó sobre la cama— Debo admitir que el tipo tiene agallas. Hay que tener mucho valor para acercarse a mi hermana. Es una homicida en potencia. Tengo mucha suerte de todavía seguir con vida —volteó una pagina del diario— Siempre escribe acerca de él. ¿Será que en verdad lo quiere?... No lo creo. La última vez que le pregunte si eran novios, me dijo que Lex era un idiota que no dejaba de molestarla; que lo odiaba y estaba cansada de él. Yo también lo odio. Es por eso que nunca permitiré que se acerque a mi hermana. Seguiré insistiendo en acompañarlos a sus citas… tal como lo hice aquel día… el día que lo…
***************************************************************************************************
Era el mes de mayo…
Durante estos primeros meses del nuevo año escolar, la parejita sensación del segundo grado: Lex y Emma, pasaban por la etapa de las primeras saliditas. Sus compañeros de clases ya comenzaban a especular que muy pronto esos dos locos serian novios…
En una tarde como cualquier otra, Lex acompañaba a Emma después de clases. Ambos caminaban por una calle poco transitado rumbo a la casa de la chica.
— ¡Hola! —saludó un niño de 7 años con mucha familiaridad, apareciendo frente a ellos— ¿Qué tal las clases de hoy? A mí me fue muy bien. Las ecuaciones matemáticas no son tan difíciles como me dijiste… Y en la clase de arte, la profesora nos enseño…
— Soka, tengo un poco de prisa. Me dirijo a casa para cambiarme de ropa. Voy a salir. Por que no hablamos luego.
— Tú nunca tienes tiempo para nada —expresó el niño en son de reproche— Deberías tratar de cambiar un poco y dejar de ser tan gruñona.
— Acaso me dijiste *gruñona*, pequeño Critter —increpó acercándosele y arrugando la frente.
— ¡Ay! ¡Perdóname! ¡Perdóname! —se cubrió asustado.
— Ahora veo que no sólo conmigo se comporta de esa manera —pensó Lex, que hasta el momento estaba siendo ignorado.
— ¿Y quien es ese idiota que esta detrás de ti? ¿Es tu novio?
— Por supuesto que, no —negó con énfasis cerrando los ojos y sonrojándose— Es un compañero de clases.
— Lo suponía. Tú nunca saldrías con un idiota tan patético como él.
Lex apretó los puños. Era la segunda vez que aquel chiquillo lo insultaba.
— Oye niño, no es correcto insultar a las personas de esa manera —sermoneó amablemente, como lo haría una dulce profesora
— Así que no te gusta que te digan: *Idiota* —se mofó— Idiota, idiota, idiota, idiota, idiota…
Lex ya no pudo aguantarse la cólera.
— Ahora escúchame bien, segundo hijo de Chucky —gruñó agarrándolo de la cabeza con una mano y haciendo un poco de presión en tal, ignorando a Emma por completo— Una cosa muy diferente es dejar que las chicas y algunos de mis amigos me digan: *Idiota*. Pero que me lo diga un mocoso que ni siquiera conozco; eso es algo que no puedo permitir.
— ¡Ay! ¡Me duele! ¡Me duele! —sobreactuaba tratando de quitarse la mano que lo traía sujeto— ¡Ya déjame!
— ¿Que rayos crees que estas haciendo? —increpó Emma a las espaldas del adolescente.
— Que te parece que hago —respondió Lex levantando un puño— Le daré una lección para que aprenda a respetar a la gente.
Antes de que pudiera darle el puño en la cabeza del niño, Emma se lo dio uno a él, con todas sus fuerzas.
— Ese mocoso segundo hijo de Chucky… es mi hermanito, idiota.
Al final Lex terminó pidiéndole disculpas a Soka, obligado sin duda por Emma.
Durante el receso de la mitad de clases del día siguiente, Lex y Emma dialogaban…
— Mira lo que gane por ser el cliente numero cien de una horrible pizzería —dijo mostrando dos papelitos rectangulares— Dos pases libres para el zoológico que inauguraron la semana pasada.
— Para el zoológico, eh —repitió cogiendo las entradas— Estoy segura que esto le encantara a Soka. A él le gustan mucho los animales.
— ¡Espera! ¡Espera! ¿A Soka?
— Sí, a Soka. Porque iremos con él.
— Por que tenias que decir eso —dijo para sus adentros encogiendo los hombros— Yo esperaba que esta fuera nuestra quinta cita. Si llevas a ese Critter ya no será una cita.
— Al parecer le caíste bien a mi hermanito. Me rogó que si alguna vez salíamos, lo lleváramos con nosotros. No nos causara problemas. Sé que a veces es molesto y muy travieso, pero sabe comportarse cuando se lo pido amablemente.
— ¿Amablemente?... Sí, ya me lo imagino.
— ¡¿Que estas insinuando?!
— ¡Nada! ¡Nada!
Estuvo cerca de recibir otro puño por parte de la chica.
— Creo que tenemos un pequeño problemita: Únicamente tengo dos entradas. Así que temo que tu educado angelito se tendrá que quedar.
— En ese caso no te parece que deberías pagarle la entrada.
El muchacho abrió los ojos, sobrecogido. No obstante, no le quedaba de otra más que aceptar la condición… de mala gana.
Al anochecer en la casa de Lex…
— ¿Por qué tenia que decir eso? —refunfuñaba Lex caminando en círculos dentro de su habitación— Todo iba tan bien… Ese fastidioso chiquillo, ¿Qué es lo que pretende insistiendo en acompañarnos a nuestras citas?
— Alejarte de su hermana —respondió a su pregunta al aire Mei, que desde hace un rato lo observaba apoyada en la puerta—Acaso no es bastante obvio.
— Así que el mocoso sólo trata de proteger a su hermana. Quien lo diría, tan pequeño y tan celosito —expresó relajándose— Bien, haré un gran esfuerzo para llevarme bien con él. Y si no lo logro, lo lanzo a la jaula de los leones.
— Pues, te deseo mucha suerte con él —mofó cruzando los brazos— Te diré algo: ¿te acuerdas de Henry? el chico que pretendía a Emma el año pasado.
— No me lo recuerdes —murmuró con incomodidad y molestia.
— Bueno, ¿Sabes por que desistió de conquistarla?
El muchacho alzó una ceja en señal de intriga.
— Fue precisamente por su hermanito. La primera vez que salieron los tres, Emma vio como Henry le dio un coscorrón a Soka —suspiró y continuó— Ya te imaginas lo que sucedió después…
— Ese niño se lo busca. Yo estuve a punto de hacer lo mismo. Es realmente insoportable… ¡Espera! ¡Claro! Esa es su estrategia. Él sabe que su hermana siempre lo defenderá; es por eso que busca provocar a sus pretendientes. Es un verdadero demonio de la discordia.
— No, es solamente un hermanito celoso —dijo Mei retirándose.
Era un día soleado… un perfecto día para una cita...
— ¡Qué graciosos son! —reía Soka viendo la jaula de los monos.
Lex y Emma lo veían alejados desde un cierto trecho. Por un momento ambos se miraron de reojo y sonrieron. De pronto, Lex decidió acercarse al niño; sus intenciones eran bastantes obvias.
— A mí también me gustan los monos —sonrió al lado del niño— Son muy graciosos, ¿verdad?
— Sí, son muy divertidos —le devolvió la sonrisa— Me hacen recordar a alguien que conocí hace dos días.
— ¿Así? ¿A quien?
— A ti —respondió con burla— Pero hay una diferencia entre estos tontos monos y tú. Ellos no son unos idiotas. Ellos actúan así porque es su naturaleza, y no porque son unos descerebrados que se dejan mandonear por una chica.
— Engendro del demonio —gruñó a medio camino de ponerle las manos encima.
Soka dio un paso hacia atrás, simulando estar asustado. Lex en un acto de precaución viró la cabeza hacia Emma; encontró la austera y asesina mirada de la muchacha que lo vigilaba interrumpidamente. Forzó una sonrisa y palmeó la cabeza del niño con suavidad.
— Que niño…
Pronto se encontraron frente a una pequeña laguna abierta. Lex y Emma se acercaron hasta la orilla y divisaron el paisaje lleno de cisnes que jugueteaban en el agua. Soka, unos pasos detrás de ellos, se entretenía viendo como unas hormigas cargaban con los restos de un insecto muerto.
— ¿No te parece que es un lindo paisaje? —expresó Lex con su inigualable sonrisa.
— Sí, es un perfecto lugar para relajarse y olvidarse del mundo —susurró esbozando una tenue sonrisa— Esas aves son muy hermosas.
Emma dejándose llevar por todo el ambiente romántico, recostó la cabeza sobre el hombro de su compañero. Lex se aventuró a rodear con un brazo la cintura de su chica y atraerla un poco más hacia si. A Emma no le molestó ni mucho menos le incomodó la cercanía de aquel chico con el cual salía desde el comienzo del segundo año, al contrario de eso, le agradó el hecho de que al fin se atreviera a insinuársele de esa manera; razón de esto fue el fraccionar de brazos y las mejillas sonrojadas al sentir el calor del cuerpo masculino cerca del suyo.
De un momento a otro, Soka se volvió hacia la pareja. Le causo gran sorpresa y enojo ver como Lex abrazaba a su hermana. Corrió hacia ellos y con haciendo uso de todas sus fuerzas arremetió una patada en la pierna del muchacho. Le dio justo donde dolía más: en la tibia.
— ¡Enano malcriado! —aulló en medio del gran dolor separándose de Emma— ¿Por qué hiciste eso? —se frotaba la parte adolorida.
— ¡Porque eres un idiota! —escupió el niño.
— ¡Ahora si me la vas a pagar! —caminó hacia él con todas las intenciones de ponerle las manos encima.
— ¡Hermana! ¡Hermana! —corrió y se aferró a ella fingiendo estar asustado— ¡Lex es muy malo! ¡Mira, quiere pegarme!
El adolescente se detuvo en seco.
— ¡Ya déjalo! ¡¿Cuál es tu problema?! —le reclamó la muchacha abrazando a su hermanito.
— ¡Como que cual es mi problema! ¿No viste lo que me hizo?
— No, no vi nada. ¿Qué fue lo que te hizo?
— Acaso no viste que tu hermanito me pateo.
Emma se volteó hacia Soka, y le preguntó:
— ¿Es cierto eso? ¿Lo pateaste?
— ¡Claro que, no! ¡Yo no le hice nada! —aseguró enérgicamente.
— Pequeño mentiroso —dio unos pasos hacia ellos.
— ¡Ya basta, Lex! —la voz de Emma resonó con más intensidad.
— Lo ves —dijo Soka— Tu compañero me odia. Es muy malo. Me insulta y quiere pegarme. Cuando estuvimos en la jaula de los monos me llamo: *engendro del demonio* —fingió temor— Y me dijo que si te lo contaba me iba a dar un coscorrón.
Emma miró a Lex con enfado.
— Espera… no iras a creerle, ¿verdad? —se defendió éste.
Emma dudaba. No había muchos alegatos a favor de Lex. El muchacho era mentiroso y bromista. La chica lo conocía desde hace un año, y tenia gran conocimiento de todas sus tretas y planes que hacia para conseguir casi siempre lo que se proponía… lastima que nada le salía bien.
Por otro lado, Soka tenia mucha más credibilidad. El simple hecho de ser su hermanito era suficiente pretexto para dar fe a sus palabras.
Emma exhaló un hondo suspiro y luego, sin imaginárselo ninguno de sus dos acompañantes lo que planeaba, apuntó hacia el agua y exclamó:
— ¡Qué horrible! ¡Creo que vi un pez bastante deforme ahí!
— ¿Dónde? —ingenuamente Lex se agachó al ras de la orilla; igual que Soka.
En un movimiento veloz Emma cogió al muchacho por la cabeza y lo hundió en el agua.
— ¡Nunca vuelvas a amenazar a mi hermanito! ¡Me entiendes! —recriminaba mientras veía a Lex agitar los brazos por la falta de oxigeno.
— Hahahaha, eso te mereces por abrazar a Emma —reía Soka al lado de su hermana.
La chica giró la cabeza y fijó su mirada asesina sobre el niño.
— Así que si lo pateaste, pequeña rata.
— ¡Ah! No, yo no hice nada… —dijo Soka encrespado, levantándose con todas las intenciones de alejarse.
— ¡Ven aquí! —lo atrapó de un pie antes de que pudiera hacer un amago de escape.
— ¡Perdóname hermana! ¡Perdonameeeeee!!!
En el siguiente cuadro, Emma ya no sólo ahogaba a Lex, sino ahora también a su hermanito, sujetándolos a cada uno por la cabeza.
— ¡¿Ahora piensan seguir peleando?! —dijo con dureza sacándolos del agua.
— ¡Ya no pelearemos! ¡Ya no pelearemos! —aseguraban aterrados Lex y Soka, abrazados el uno al otro y temblando— ¡Ya no pelearemos! ¡Ya no pelearemos!
Una vez más la muchacha imponía su posición.